6/2/16

-La UCV, parece que sí, pero no-

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La Universidad Central de Venezuela, tras casi 6 meses de paro convocado por APUCV, decidió levantarlo en enero de 2016. Tras una consulta realizada el 19 de ese mismo mes para decidir si continuar o no con un paro independientemente de si las condiciones para reiniciar el cronograma académico estaban dadas o no. Cabe resaltar que para APUCV el término “paro” no aplicaba, sino mas bien que las condiciones para operar eran y siguen siendo las mínimas; en otras palabras, un cierre técnico propiciado por el ejecutivo nacional.


En dicha consulta, los resultados arrojaron 962 votos a favor del SÍ y 644 votos a favor del NO. Una consulta bastante cerrada y que dejaba serias dudas sobre si reanudar las clases era una decisión acertada, o una aceptación de derrota que indica que 6 meses de paros fueron inútiles para lograr el objetivo… el de las reivindicaciones salariales de los profesores universitarios.

No cabe duda de que el manejo de los tiempos y la falta de una idea concreta en cuanto a la forma de protesta ha sido empleada de forma poco exitosa, por no decir nula. La situación real que vive la Universidad Central de Venezuela es ya de urgencia; está en un coma inducido como el resto del país. El país está en un estado de abandono, pidiendo a gritos un auxilio humanitario por parte de entidades internacionales y la Universidad no escapa de ello.

Durante estas tres semanas de reinicio a clases, en un semestre I-2015 que parece durar toda una vida, convirtiéndose en el semestre más largo que muchos hayamos recordado en la UCV. Hemos visto una universidad trabajando a las mínimas, apagada, desamparada, sin comedor, sin transporte, con un número de vigilancia que hace temblar a cualquier estudiante que hace vida en el recinto. La UCV parece que sí, pero no; parece que abrió nuevamente sus puertas para intentar culminar un aparatoso semestre académico, pero a la vez da la sensación de que parece una institución sacada del más horrorífico video juego de consola “Silent Hill” donde entrar a cualquiera de sus edificios hacía estremecer de sus asientos incluso al más valiente. Después de las 8 pm, la universidad se ha impregnado de una espeluznante oscuridad y soledad, dando la sensación de que eran las 3 de la madrugada en vez de las 8 de la noche; hora donde en situaciones académicas normales, todavía se notaría el ajetreo de los alumnos que van y vienen desde la biblioteca hasta la estación del metro y del metro a sus respectivas escuelas.

En el caso de la escuela de Administración y Contaduría, la profesora Diana Hernández que ahora ejerce el cargo de directora,, decidió tomar unas medidas en cuanto al tema de inseguridad y establecer un horario máximo en la EAC hasta las 8:45pm, sin que las materias que anteceden se vean afectadas, solamente recortando el horario del último bloque horario donde comienzan de 7:55pm a 9:25pm, materias que ahora contarían con solo 50 minutos de clases. Una medida totalmente inapropiada, que no soluciona en lo más mínimo el índice de inseguridad de la escuela y de sus alrededores. Recordando que el último incidente con el estudiante ya olvidado, Luis Marcano ocurrió en horas aproximadas de 6:20 pm. La situación de inseguridad en la escuela es mucho más grave que no se soluciona recortando 30 minutos al último bloque horario; más allá de eso deberían presentarse propuestas y debates en torno a la dotación de personal de seguridad y al alumbrado del que hoy carece los alrededores de nuestra comunidad universitaria. Incluso las asambleas que se celebran de vez en cuando, hacen notar que siempre son un paripé de cara a la comunidad, con promesas que nunca salen convertidas en hechos luego de celebrarse los debates.

El lunes 1 de Febrero nuevamente los trabajadores de la UCV presentaron su inconformidad y acordaron una asamblea en plaza cubierta en horas de la mañana para protestar por la falta de pagos que debían cancelarse en la última quincena de enero. Protesta que terminó con varias puertas como la tamanaco cerradas y algunas escuelas se dieron a la tarea de cerrar también sus puertas por falta de personal. El día 2 de Febrero, el ejecutivo nacional se comprometió a transferir el dinero para pagar a los trabajadores de la UCV quienes en una postura no discutible expresaban: “Si no se cobra, no se trabaja”.
Hoy la Universidad está convertida en una serie de grupos (gremios) que luchan cada cual por su lado, cada uno en busca de conseguir sus objetivos y velar por sus propios intereses, dejando a un lado el paradero de la Universidad que al fin y al cabo es su casa, y huérfanos a quienes desde siempre terminan siendo los más agraviados… los estudiantes. Los estudiantes que sienten que están viviendo la peor de las pesadillas; los que están por graduarse sienten que el tiempo, que a veces parece efímero, hoy se convierte en un ente incorpóreo inalcanzable y siempre eterno. Los que comienzan y los que están por comenzar sienten que esta no es la universidad que esperaban encontrar, la universidad de la que les hablan con tanto orgullo, una universidad carente de recursos y servicios y de os servicios más indispensables para la mayoría de los estudiantes , el transporte y el comedor.





Miguel Valero

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